miércoles, 14 de marzo de 2012

Dados






Furcia para ti, el rey del buen gusto.
Ahora, en tu coche amarillo con dados colgando en el parabrisas. Ahora, tú con tus muñecas de pollo girando el volante un día de sol, como si fueras un lobo que se quita los restos de ella con un palillo en la boca.
El desafío de la vida, te dio por coleccionar y ahí está el tipo con la estampa en el bolsillo. Te lo llevaste, un trofeo manoseado que fue pasando de casa en casa. Lo merecías, ahora cuélgalo en una vitrina y olvídalo a la noche.
Olvídalo a la noche y agárrate al sueño lunar de imposibles. Quédate con tu chicle sin sabor mascado en mil bocas.

domingo, 26 de febrero de 2012

Vacío





Vacío me da la mano y yo acepto su propuesta sin rechistar.  Siempre me lleva a bailar deshaciéndose en cada giro, vuelta y vuelta de Vacío en el aire.
 Y se oye ulular al viento mientras su pelo se hace agua y su abrazo es ropa de muerto que resbala sobre el talle. Y te acurrucas, y no quieres pensar, más y más pequeña.
Conversión en larva con parada revolución.

domingo, 5 de febrero de 2012

Palabras







Estoy atrapando palabras en el viento, antes de que vuelen en el olvido y dejen de ser.  Las encierro en un sobre de sueños con destino a ti. No sé si esta vez abrirás el álbum de recuerdos.

lunes, 23 de enero de 2012

Cometa







Soñé con ser cometa sin hilo en manos del  aire,
corriente, soplo de verano,
cometa de colores en playas doradas, 
cometa niña sin dirección. 

jueves, 5 de enero de 2012

Relojes




Begoña tiene dos relojes, uno de cada color, los esconde en los bolsillos de su corazón y cuando atardece,  los mira dándolos vueltas una y otra vez.  Son relojes color luna, con esferas  roja y violeta, con mágicas nubes que pasan lentamente adormeciendo sus horas.

El reloj rojo  lleva algunos años durmiendo.  Ni siquiera se estremece,  y obediente,  nunca mueve sus manecillas. Pero en cambio...el violeta, de tanto moverlas y tan rápido, ha provocado una tragedia. Apareció una grieta en uno de sus números  que hizo llorar a Begoñita,  tiene mucho miedo a que su esfera se quiebre.

Escucha entonces un murmullo, posiblemente sea el agua del río, pero parece una voz, alguien está cantando misteriosos cuentos  que la mecen como si fuera muy, muy pequeña.  Se tranquiliza de nuevo.

Begoña no quiere que los relojes caminen sin su permiso porque el movimiento atrae a la locura, y un despiadado duende arlequín, viene y derriba sus castillos de naipes. Los hace cada mañana, cuando el sol cubre sus pestañas de hadas. Sí, el olor de la mañana es distinto. Se puede incluso soñar. Pero el burlón duende de ojos de estrella negros,  viene con la tarde y derriba su trabajo.

Pero Begoña no desiste.  Cada amanecer, coge coqueta su cesta y junto al sol, extiende su mantel de desayunos dorados.  Espera al conejo que guarda los relojes en sitio seguro.

Sabe que algún día aparecerá, sabe que algún día los naipes dejarán de ser naipes.

jueves, 22 de diciembre de 2011

El abrazo




La voz del silencio voló fantasmal escarchando la navidad con su aliento. Solamente un pájaro, un pequeño gorrión,  voló buscando a su flor. En algún sitio debía estar porque oía aún los latidos de su corazón agonizante.  Y cuando la encontró,  detrás de la alambrada de hielo, murió ensartado en los crueles puñales del invierno.  Su sangre tiñó el suelo hasta tocar los pies de la dama. Lágrimas negras. El aire exhaló  canciones antiguas  gimiendo por dos almas muertas al anochecer, el anochecer de la gran nevada.  El anochecer  del abrazo infinito.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Golosina





Delicadamente fue desabotonando su camisa hasta dejar el apetitoso torso a la vista.
Él sonrió con una pureza tan encantadora que la hizo relamerse, empezó a  acariciarle el cabello de la nuca echándole la cabeza hacia atrás, saboreando  trozo a trozo de pecho muy lentamente, atrapando cada latido de su corazón con  cada lametazo,  y es que él era una golosina sabrosa que había caído entre sus manos, incitándola como si tal cosa.  Y con esas manos le manoseaba suspirando, apretando sin compasión, y sus ojos se deleitaban devorando los estallidos de sus labios.
Era tan delicioso…Aferrando a su presa como una alimaña hambrienta, y es que el miedo de esa aterciopelada masculinidad hacía que su deseo  cobrase más fuerza.  Y justo… Cuando comenzó a masticarle olisqueando su vientre, en ese mismo instante en el que el juego quería continuar para disfrutar de ese apreciado y generosísimo  manjar, una traidora paloma blanca voló en su cabeza recordando  que casi le doblaba la edad.